Los brindis sin rematar de la reina

Real brindis

Tenemos una reina que amaga pero no remata. Los brindis, me refiero. Lo he visto, por casualidad, curioseando el vídeo de la visita que sus majestades hicieron a las bodegas Freixenet para conmemorar el centenario de la casa. Ese acto al que el rey Felipe acudió vestido con un traje diplomático gris (era lógico siendo cosa de negocios) y su real consorte, enfundada en un vestidito rojo de tejido fantasía con brillos y un más que extraño corte. Era al mediodía y no había bautizo alguno, por si había dudas.

La visita, estupenda con estos empresarios con pasta y clase para aburrir. Todo muy bien:  el recorrido, los saludos, el posado, el paseíllo real con tacones de aguja por la gravilla que hizo la reina… pero  llega el brindis y las típicas palabras y copas al frente y doña Letizia… que no remata.

Una vez más. Qué disgusto. Porque todo los demás  trasiegan el rosado que, digo yo, no debería ser malo. Nadie le hizo ascos salvo la regia dama consorte. Porque su señor marido, los anfitriones, el ministro Soria, y los demás  presentes bien que hacen los honores y alguno casi hasta apura la copa de un solo trago.

Freixenet reyes

No es la primera vez, ni será la última que veamos estos episodios porque es algo que viene repitiendo la reina asturiana. Imagino que será algún tipo de incompatilbidad con las bebidas espiritosas lo que le impide siquiera mojarse los labios con el amable  líquido. Más que limitar la ingesta alcohólica solo al ámbito de lo privado o la mera  ignorancia u olvido frecuente sobre el protocolo y la etiqueta social a que está obligada una reina. O un  jefe de estado o un primer ministro, por no discriminar.

En casa de sus suegros, me sospecho, debe haber escuchado alguna vez que el sorbo final  es la última parte del brindis y que rubrica el deseo expresado en el mismo. No hacerlo, piensa uno, tiene que ser lo contrario. Por mucho que presente la copa con finura, elegancia y distinción a todo aquel que la acerque la suya. No es por criticar, la verdad, pero a un servidor no le acaba de convencer esa imagen de que en una acto oficial un consorte real  brinde y el otro… como que no. Más que nada, cuando se supone que forma parte del trabajo. En el caso de  doña Leticia,  nada mal remunerado después del ascenso laboral de princesa a reina. Tampoco se trata de arrastrarla al alcoholismo. Dios me libre.

Podía hacer un pequeño esfuerzo de servicio al cargo y mojarse los labios como hacen de paripé muchas señoras finas y otras nobles damas elegantes. Sin ingerir gota. No quiero ni pensar en esas supersticioses populares que aseguran que brindar y no beber da mala suerte. En la web descubro que nada menos que siete años de mal sexo. Dudo que sea para tanto. Aunque verla no acercarse la copa a los labios mientras los demás beben me trae a la memoria la prevención a los brindis de los antiguos patricios romanos por miedo a ser envenenados. Tampoco creo que éste sea el caso. Digo yo.

 

Un pensamiento en “Los brindis sin rematar de la reina

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