La odisea de la flota armada del obispo de Plasencia

 

Galeones

Las naves de Vargas Carvajal se estrellaron en 1540 contra los elementos en el estrecho de Magallanes y no pudo colonizar la Patagonia como ambicionaba

Ha pasado a la historia como uno de los grandes mecenas de Plasencia. El acaudalado obispo Gutierre de Vargas Carvajal no solo gastó grandes sumas de dinero en construir y ampliar templos y parroquias en toda la diócesis placentinas, en financiar el convento de los Jesuitas (actual UnedEscuela de Idiomas y Auditorio de Santa Ana) o en olvidadas obras piadosas.

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Su ambición por aumentar su ya cuantiosa fortuna le llevó a emprender una arriesgada aventura colonizadora  en la que el ansiado oro, plata, piedras preciosas, perlas o beneficios con el tráfico de especies que se esperaba obtener así como la gobernación de la Patagonia se esfumaron contra la climatología ante el fracaso de una empresa que solo le reportó importantes pérdidas.

Vargas Carvajal escudo

Hijo de Francisco de Vargas, jurista, miembro del Consejo de Castilla con Carlos V (del que fue tesorero) y con Felipe II, era sobrino del cardenal Bernardino de Carvajal y cuñado del virrey de México, Antonio de Mendoza, que le animó a emprender esta aventura americana. Así lo recoge Francisco Fernández Cuesta, en ‘Los Obispos de Plasencia’, al calificar de ‘indudable’ que el prelado financió el viaje de varias naves hacia las costas del actual Perú, bordeando el Cono Sur “por amor y consejo de su cuñado”.

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Una armada “muy bien proveída de hermosa gente y artillería y municiones y de todo lo necesario para ir a la Epiceria por el estrecho de Magallanes y otros dicen que para la China”, apunta el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo. Hay quien sugiere, incluso, que el verdadero objetivo era explorar los mares del sur en busca de nuevas islas ( Australia y Nueva Zelanda). Gómara, en ‘Otros españoles que han buscado la Epiceria’ se hace eco de ‘las naos’ que el obispo de Plasencia envió “por amor y consejo del mismo don Antonio, su cuñado, y pensando en enriquecer más que otros”. Al interés económico y político de la gobernación de la Patagonia, se sumaba, asimismo el estratégico, abrir la ruta del Sur por el estrecho de Magallanes hasta la costa oeste sudamericana y el Pacífico.

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El prelado placentino nació en el seno de una aristocrática familia que formaba parte de la poderosa oligarquía de la época. Nombrado obispo con 18 años, no accede a la silla placentina hasta cinco años después, a causa del rechazo de parte de la ciudad. Un paréntesis en que la prelatura es ocupada por su tío, el citado cardenal Bernardino de Carvajal. Serán 20 años después del nombramiento papal cuando Vargas Carvajal aborde la aventura empresarial más arriesgada de su vida: costear la construcción y dotación de una flota para colonizar la Patagonia.

Gutierre de Vargas1

Previamente, en 1536, el influyente clérigo había obtenido para su hermano, Francisco de Camargo, mediante real capitulación de Carlos V, la concesión para colonizar y gobernar los territorios desde el grado 36 de la latitud sur al estrecho de Magallanes. El obispo consigue del monarca la concesión fallida para la colonización de Nueva León, que años antes había otorgado al navegante y aventurero portugués Simón de Alcazaba, y que amplía a favor del prelado hasta el estrecho de Magallanes.

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Sin embargo, no será Camargo el que finalmente gobierne la flota y dirija la aventura hacia el Cono Sur, ya que el último momento, antes de la partida de naves y tripulaciones desde Sevilla, el mando es tomado por el sacerdote fray Francisco de Ribera, por renuncia del anterior.

Nueva León

Para llevar a cabo la empresa, contrata la construcción de ocho naves ‘de buen porte’, lo que da importancia de la envergadura de la inversión y de lo ambicioso del proyecto. Se trata de ‘las naos del obispo de Plasencia’, que es como figuran en los archivos y pasa a los anales de la Historia este peculiar viaje de descubrimiento a la Patagonia en el XVI.

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Los barcos encargados tuvieron como referencia los que llevó García Jofré de Loaysa en su exploración de los mares del sur. Se trataba de naves marineras, de buena navegación más que comerciales. Tal y como los quería el prelado, que llega a viajar a Bilbao para agilizar la construcción de la flota. Mal comienzo para una azarosa aventura naútica cuyos planes no hacen más que empezar a fallar.

Portugalete

Cuatro (tres de 150 toneles machos y uno de 180) fueron contratadas para estar armadas antes de 1537 a un astillero de Portugalete y otras cuatro (tres de 150 toneles machos y uno de 220) a otro de Deusto, que subcontrató uno de los buques en Castro Urdiales. Éste finalmente solo entregó dos al prelado, lo que dio lugar a los primeros disgustos y pleitos del obispo placentino. Las naves pequeñas tenían unos 24 metros de eslora total, 7,5 de manga y 16,7 de altura, incluida la quilla. Los mayores tenían una mayor manga, 8,5 metros; tres más de quilla y 3,6 de puntal.

Loaysa

Es Gutierre de Vargas Carvajal quien trata con astilleros, marinos, juristas y funcionarios todo lo relativo a la expedición y sus correspondientes contenciosos, con la esporádica ayuda del comendador de Calatrava, de sus criados de confianza y, a última hora, de Francisco Falero, un portugués, hermano del socio de Magallanes, que le echa una mano al encargarse del aparejo de las naves como experto.

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Sin embargo, las lides judiciales que constan en la Real Chancillería de Valladolid han servido para arrojar alguna luz más sobre esta singular armada del obispo de Plasencia. Es el caso de la calidad que se exige a los mástiles o de los distintos pertrechos y materiales con que son equipados los barcos, muchos de la cuales son adquiridos en Flandes.

Con un año de retraso, las naves salen en 1538 rumbo a Sevilla, para completar el armamento y recoger tripulación y pasajeros. El destino juega a la flota su primera mala pasada. En la travesía, a causa de los daños sufridos durante la navegación, se pierde una de ellas.

Estrecho tormenta

De las ocho previstas inicialmente, solo seis zarpan y ahora quedan cinco. Tres grandes naves y dos galeones. Con Francisco de Camargo al mando, la flota está lista para partir rumbo al sur en el puerto hispalense. Desavenencias entre el obispo y su hermano Francisco de Camargo, llevan al prelado a cesarle como comandante de la flota, cargo que otorga a fray Francisco de Ribera, comendador de Calatrava y hombre de confianza de Vargas Carvajal. Camargo nunca llega a embarcar en la expedición. Esta zarpa en agosto de 1539 de Sevilla.

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Después de cuatro meses de travesía atlántica, las naves (tres o cuatro, según los cronistas) llegan, mediado enero de 1540,  al estrecho de Magallanes, siguiendo la ruta en la que fracasó su predecesor, portugués Simón de Alcazaba. Dan vista a la cruz de Loaysa, que guía la navegación, pero un fuerte temporal sorprende y dispersa a la flota pasada “la primera angostura”.

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La nave capitana naufraga embarrancada y fallece Ribera pero la tripulación alcanza la costa. Las dos naves restantes se ven obligadas a abandonar el estrecho. Una, vuelve después con la intención de rescatar a los naúfragos, (190 en total, incluidas mujeres) pero un nueva tormenta les hace perder anclas. De los refugiados en tierra nunca más se supo y se cree que buscaron cobijo tierra adentro, alimentando la leyenda de la ciudad de oro de los Césares.

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Los de la nave que intentó recogerles se refugian, ante las inclemencias del mar, el 13 de febrero en un paraje denominado Puerto Zorras, donde sobreviven hasta diciembre de 1540, en que la climatología les permite salir del canal de Magallanes y poner rumbo a España o a Las Antillas.

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De las naves restantes, otros historiadores narran que una logró cruzar, con posterioridad, el estrecho de Magallanes y llegar hasta Valparaíso en 1541; y que otra desistió de la empresa ante la cruz de Loaysa, puso dirección a la Península, con la mala fortuna de errar tanto el rumbo que acabó en el Cabo de Buena Esperanza. Después del azaroso viaje, emprendió la navegación hacia el norte, con escala en Santo Tomé, antes de llevar a España. De este modo acabó la ambiciosa aventura de la gobernación de la Patagonia que tramó e intentó aumentar su riqueza el poderoso obispo de Plasencia.

3 pensamientos en “La odisea de la flota armada del obispo de Plasencia

  1. Pingback: La odisea de la flota armada del obispo de Plasencia | El blog de ASO

  2. No se hace mención en este artículo, del posible descubrimiento de las islas Malvinas por parte de una de las naves de la flota del obispo Vargas Carbajal, que sí defienden algunos historiadores. Este es uno de los misterios que rodean a esta expedición y es interesante comentarlo.
    Un saludo.

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