Infartado y con un disparo: el forense tiene la última palabra

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La muerte del pistolero Rafael Robles esta mañana en la finca Espartal deja varias incógnitas después de que el delegado del Gobierno desvelara esta tarde que el presunto asesino del pacense Manuel Tejeda presentaba un disparo en la espalda. Concretamente en el omóplato, aunque se ignora si en el derecho o el izquierdo. El importante dato no revelado hasta  esta tarde abre la posibilidad a una nueva hipótesis sobre la causa de la muerte del malhechor y su detención, que se produjo después de un tiroteo como han manifestado vecinos de Plasencia que se encontraban en la zona de Espartal  y lo escucharon. Otro dato que tampoco saltó esta mañana. Cuando se explicó la muerte del pistolero placentino se  dijo que fue producida por un infarto al ponerle las esposas.

Como en el CSI de la tele, las pruebas hablarán. En este caso  la autopsia que lleve a cabo el forense encargado. Su informe será crucial para aclarar si falleció por un infarto que le sobrevino tras  haber sido herido en la ‘balasera’ contra las fuerzas del orden. Un enfrentamiento que no resulta extraño en el caso de un hombre que disparó sin pestañear el pasado 22 de enero, presuntamente, en los alrededores de la presa de Plasencia contra el coche que intentó robar a un joven padre y a su pequeño hijo y todo apunta a que descerrajó un tiro, a sangre fría, a un vecino de Badajoz, en la ribera del Guadiana, que tuvo la mala fortuna de que su destino se cruzada con este delincuente huido de Plasencia y en busca y  captura por el intento de secuestro y tentativa de homicidio.

3 pensamientos en “Infartado y con un disparo: el forense tiene la última palabra

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    • Natural de Talayuela, había cumplido 53 años el 21 de enero. Vivía en Plasencia. Había salido de permiso carcelario y residía ahora en casa de un hermano. Su mujer y dos hijos están en prisión por temas de droga y robos de estancos. En 2001 fue condenado por la Audiencia Provincial a 11 años de prisión por intentar matar a tiros a a un vecino de san Lázaro con el que discutió por un asunto de tráfico. Tras irse a casa, volvió con una pistola buscándole por el barrio hasta que le encontró en la calle y le pidió que se arrodillara porque le iba a disparar. El vecino salió corriendo pero le alcanzo uno de los tres disparos. La policía le encontró en casa una carabina y 35 armas blancas.

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