PSOE de Plasencia: la crisis que no cesa

PSOE Plasencia

La asamblea  de la Agrupación  de Plasencia del PSOE, celebrada en la noche del lunes, se saldó con varias sorpresas. Más inesperados de los previstos hubo en el meeting de una militancia dividida cuyo mal de fondo sigue sin arreglo, pese a los intentos frustrados de buscar una casi  imposible paz con el borrón y cuenta nueva de la depuración de la afiliación practicada por la dirección provincial tras la disolución.

La primera, fue que no dio tiempo a terminar la reunión y se postpuso  su continuación para una segunda entrega. Nadie negará que si  el drama de la fractura y refundación del PSOE ha sido un traumático culebrón, verse ahora obligado a hacer una asamblea por entregas no  contribuye precisamente a  cambiar la dinámica. Retrasar los problemas en vez de afrontarlos no parece nunca buena solución política.

Con ello, los críticos al comité local, (por adjetivarles de alguna manera) se quedaron con las ganas de  pedir cuentas de la gestión al secretario general, David Núñez (hombre de confianza de Pilar Lucio) y este se libró de verse sometido al examen y perder una votación que parecía imposible ganar, visto el juego de posiciones de las diversas familias del comité y del partido. Si  habrá castigo o no se dilucidará en  una nueva reunión. A Núñez le dan 15 días de oxígeno para que  busque una salida a  una situación que parece un callejón sin puertas. Perdón, con tres. Irse, perder la confianza en votación o  convencer a la superioridad de celebrar asamblea y elegir un nuevo comité democráticamente.

Se espera que la asamblea fijada para dentro de 15 días, al menos, sea tan numerosa como la de anoche, a la que fue  la mitad de los noventa militantes que el PSOE admitió y readmitió en Plasencia. No es una cifra para  darse por satisfechos en una agrupación que fue centenaria, pero que ahora apuesta, a la fuerza, más por la calidad más que por la cantidad, sabido es que abrir la mano significaría dar entrada a posibles enemigos y perder el frágil  equilibrio que mantiene al actual equipo directivo en el comité local. Sería otra vez la vuelta de la pugna ¿abierta? de familias por el control del partido: justo lo que  tratan de evitar Cáceres y Mérida.

Más sorpresas, en la asamblea se puso de manifiesto que uno de los más activos miembros del nuevo comité, Iván Sánchez, no cumplía con los requisitos para tener la condición de afiliado. Tal es así que ni apareció y  se determinó darle baja. También pidieron a Elia Blanco y a Barbancho el abandono del grupo municipal socialista y el pase al mixto. Justo ahora cuando el grupo toma la iniciativa de salir a la calle y recuperar protagonismo. A lo mejor, ese es el problema.

Por si fuera poco, el impasse de la espera de la sentencia  se prolonga y la Tercera Vía asoma, de nuevo, la gaita para reclamar su derecho a la militancia y a ser expulsados sus afilados, Blas Raimundo incluido, de acuerdo con los estatutos del partido: es decir, vía comisión de conflictos y expediente y no mediante otras decisiones más ‘personales’ de los responsables regionales y provinciales, como argumenta el ex edil. La crisis, como se ve, no cesa.

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